Salesiano, cura, profesor, licenciado en teología, twittero, educador, cinéfilo, teatrero, tertuliano, remo a contracorriente y apuesto a perder, uso el micro en la radio, el show en las tablas, la pizarra en el aula, el juego en el patio, la broma en la calle, la pluma en la prensa y todo lo que sea menester para acercar a Jesús a los chavales y construir una Iglesia sencilla y profunda donde todos puedan sentirse queridos y en casa.
Reparto: Roohollah Zamani, Shamila Shirzad, Ali Nassirian, Mohammad Javad Ezzati, Tannaz Tabatabayi, Safar Mohammadi, Ali Ghabeshi, Abolfazl Shirzad.
Hay en el cineasta iraní Majid Majidi un especial talento para contar historias de niños y niñas que son víctimas de situaciones injustas provocadas por los adultos. Son películas sencillas y hermosas que hacen pensar y que tratan con un respeto infinito las vidas de los más vulnerables.
Tal es la historia que presenta en su film “Hijos del sol”. Alí, un niño de 12 años, y sus tres amigos, trabajan para sobrevivir y ayudar a sus familias haciendo trabajos en un garaje y cometiendo pequeños delitos para conseguir dinero rápido. Estos niños viven unidos por la amistad y la pobreza: un refugiado afgano, dos hijos de toxicómanos, un huérfano que perdió a su padre víctima de la droga, todos se mueven como pez en el agua en un ambiente de ilegalidad, marginación y amistad. En un milagroso giro de los acontecimientos, Alí recibe el encargo de encontrar un tesoro oculto bajo tierra. Para ello recluta a sus amigos, pero antes de empezar la misión deben matricularse en la Escuela del Sol, una institución caritativa que intenta educar a niños sin hogar y que está ubicada cerca de donde se halla el tesoro.
A partir de ese momento, y con una fotografía excelente, el film transita tres escenarios: los angustiosos subterráneos por los que van escavando y avanzando las criaturas, la escuela en la que se les intenta educar en medio de muchas dificultades y en donde encuentran la amistad y comprensión de algún docente, y las calles y ambientes miserables en donde deben sobrevivir.
La aventura está servida y la película interesa al espectador desde un primer momento mientras dosifica sabiamente escenas de acción, de reflexión y de drama. Es absolutamente admirable la dirección de actores. Los niños protagonistas se mueven con una formidable soltura en la pantalla y son capaces de manifestar con naturalidad, el miedo, la violencia, el cariño y la fidelidad en medio de la miseria.
La película comienza con un crédito que recuerda que hay más de ciento cincuenta millones de menores obligados a trabajar ilegalmente en el mundo. Tras un fundido en negro en la pantalla aparece una invocación: “En el nombre de Dios”. Así, de esa manera tan clara, el director denuncia la explotación infantil y manifiesta su fidelidad a Dios, en nombre del que realiza su film. Es, pues, una obra de denuncia hecha desde la fe. El final es realmente sorprendente y Majidi cierra la película con un abierto mensaje simbólico que invita a la reflexión.
Dura y hermosa, apasionante y dolorosa, “Hijos del sol” es una estupenda película para todos aquellos que sean sensibles a la esclavitud infantil y amen la educación.
Guión: Ron Clements, Greg Erb, Rob Edwards, John Musker, Jason Oremland
Música: Randy Newman
Cuando parecía que la animación, necesitaba sofisticadas técnicas que echara mano de las tres dimensiones, daba la sensación de que el dibujo animado clásico, de dos dimensiones, había quedado ya arrinconado. Y, sin embargo, Ron Clements y John Musker, creadores, entre otras, de joyas como La sirenita y Aladdin, nos regalaron una película deliciosa con un dibujo animado clásico y magnífico, que sorprende por su factura, agilidad y su profunda humanidad.
12 años después de su estreno, la historia de solidaridad de TIANA Y EL SAPO sigue manteniendo la misma frescura que en su día.
La dificultad de soñar.
La historia se desarrolla en la Nueva Orleans de los años 20. Tiana es una joven sureña, con un innegable don para la cocina, que sueña con tener su propio restaurante. Huérfana de padre, recuerda cada día el testimonio de aquel hombre que había hecho del trabajo y la honradez todo un estilo de vida. Pero las cosas no son fáciles para Tiana: el trabajo de camarera en un restaurante, con un jefe que se ríe de sus sueños, la relación con los especuladores que le venden un local y la amistad con la caprichosa y déspota Charlotte, incapaz de soñar pues tiene todo lo que quiere, no hacen más que obstaculizar todos los proyectos y deseo de esta humilde chica.
Su dificultad más importante será enfrentarse al doctor Facilier, un canalla que hace vudú y utiliza técnicas malignas para dominar la libertad de las personas.
Es precisamente Facilier quien ha hechizado al príncipe Naveen, guapo y buen músico aunque superficial y vacío. Naveen ha sido convertido en sapo por un hechizo diabólico. Y aquí, alejándose del cuento tradicional, no será el beso de una dama lo que devuelva a Naveen su primigenia forma humana, sino que la mujer que le ha besado se convertirá en otro batracio.
Es precisamente Tiana la que, de una manera inocente y generosa, besará a Naween y ésta se convertirá en rana. A partir de ahí la película discurre como una divertida y alocada aventura en búsqueda de la recuperación de lo humano y de la realización de los sueños.
Personajes con derecho a soñar.
El film es un alegato hermosísimo en defensa del derecho a soñar y de la dignidad de los que se esfuerzan en luchar para que sus sueños sean realidad.
La galería de personajes con los que se topan Tiana y Naween encarnan las distintas visiones que hay en torno a los sueños y aspiraciones de las personas. Así, Facilier es el manipulador de los sueños ajenos, no en vano se le llama príncipe de las sombras y el ayudante de Nadinne sucumbirá en sus brazos destrozando su propia vida porque su único sueño es el dinero…es cierto que nadie puede servir a dos señores…su sueño se convertirá en una alucinación que desembocará en pesadilla; Charlotte es la gran amiga de Tiana, ella no sabe soñar, no tiene paciencia, le falta la esperanza. Sus sueños son caprichos que no llevan a ningún lado y que dañan a la gente que más la quiere por su falta de reflexión. En el lado positivo nos encontramos a Mamá Odie, una anciana que vive en los pantanos y se esfuerza en animar la bondad de las personas para que den lo mejor de sí mismas y sean capaces de encontrar sus deseos. Por más que es ciega, Mama Odie puede ver el corazón de cada ser.
Ray es una luciérnaga alocada y divertida. Capaz de dejarse la piel por ayudar a los demás aun en las situaciones más difíciles. Locamente enamorado de Evangeline, la luciérnaga más hermosa del mundo. Su amor es idílico; Evangeline es una estrella que destaca en el cielo, la misma estrella que ilumina los sueños de Tiana. Sus compañeros de aventuras le miran con cariño comprendiendo su desvarío. Su luz, frágil y pequeña porque es una luciérnaga, iluminará momentos de dificultad de sus nuevos amigos. Ray lleva luz dentro…todo lo contrario a Facilier, príncipe de las sombras.
Louis es un caimán músico de jazz. Su sueño es tocar en una orquesta con humanos, pero la realidad es bien otra, cuando se acerca a los humanos, estos huyen despavoridos. En los sueños de Louis atisbamos una resonancia del texto de Isaías en el que habla de la posibilidad de un mundo utópico en donde el león y el cordero puedan pastar juntos. Louis, aun sin saberlo, sueña en un mundo mejor, donde la utopía sea una realidad mecida por la música.
Naween, incapaz de soñar, superficial e inmaduro, descubrirá al lado de Tiana las posibilidades que tiene de cambiar y de hacer opciones en la vida. Y es que los sueños son contagiosos cuando la ternura está detrás.
Sin duda Tiana es la más soñadora. Digna heredera de sus progenitores, reconoce que es su familia la que le ha enseñado a soñar y a mirar las estrellas del cielo pidiendo fuerzas para afrontar la vida desde los sueños. En la familia está Eudora, su madre, en cuyos brazos Tiana recupera las fuerzas perdidas. Y en su familia está también James, su difunto padre. Él le ha dado grandes lecciones en la vida y Tiana depositaria de su legado. James transmitió valores a su hija. Para él, hacer buena comida era una oportunidad de servir a los demás “la comida une a gente de todo tipo. Les hace inmediatamente felices y no pueden dejar de sonreír. Y cuando tenga mi propio restaurante la gente hará cola para degustar mi comida«.
El sacrificio.
A lo largo de la aventura para recuperar la forma humana de Tiana y Naveen se verifica que es imprescindible el sacrificio generoso para hacer posibles los sueños. En definitiva somos herederos de las opciones valientes de los demás cuando éstas se hacen desde el amor. Mi padre nunca tuvo lo que quería. Pero tuvo lo más importante, tuvo amor dirá Tiana llena de dignidad. El sacrificio, cuando se hace desde el amor, da sentido a la vida y así Tiana manifestará que su amor por Naveen es tan grande que por estar a su lado prefiere seguir siendo rana para no separarse de él.
Soñar conlleva entregar la vida.
Pero el sacrificio más grande lo hará Ray. Ayudando a sus amigos será descubierto por Facilier y éste le pisará para acabar con su vida. La luz de la pequeña luciérnaga se apagará poco a poco. La película aporta aquí una secuencia muy extraña en los filmes de animación de la factoría Disney: la muerte de un animal. Pero esa luz que se apaga sorprenderá a todos: de pronto aparecerá una nueva estrella en el firmamento, una estrella que se unirá a Evangeline. Los amigos miran al cielo emocionado y constatan que Ray no estaba loco. Evangeline existe, no es una imaginación. Todos somos portadores de luz, nuestra vacación más intima es darla, aunque nos vaya la vida en ello. Una luz que se apaga en la tierra es una luz que es amada en el cielo y que posibilita muchas más luces.
Es precisamente, la entrega de la vida (la de Ray, la de James, la de los amigos…la que hace posible que los sueños sean realidad. Incluso esa bondad llevará a la conversión y Charlotte, la caprichosa amiga, renunciará a antojos para ser mejor. La muerte de Ray hace palpable que si el grano de trigo no muere, no fructifica. La muerte de Ray fructificará en su comunidad de amigos.
Una delicia.
La película es, pues, una delicia. Con una música que se convierte en una protagonista más, un guión divertido, unos personajes ingeniosos y un dibujo animado magnífico, Tiana y el sapo es una lección maravillosa que nos enseña como la bondad y la entrega de la vida trasciende nuestra propia historia y la va trasformando y haciendo más humana.
Un auténtico clásico para el que no pasan los sueños. Bienaventurados los que son capaces de desvivirse por los sueños de los demás porque su música durará siempre.
Reparto: Sophia Loren, Ibrahima Gueye, Renato Carpentieri, Abril Zamora, Babak Karimi, Massimiliano Rossi, Francesco Cassano
Parece increíble, la gran Sophia Loren, un auténtico mito de la Historia del Cine, ha vuelto a la pantalla. Y ha vuelto con 86 años y de la mano de su hijo, Edoardo Ponti, que la dirige con soltura en este pequeño film.
En una ciudad costera italiana, la anciana madame Rose, antigua prostituta judía superviviente del holocausto nazi, acoge y protege a hijos de prostitutas que los confían a su capacidad de acogida. Un día un viejo doctor amigo suyo le lleva a un niño senegalés refugiado, Momo, de unos12 años, que curiosamente había robado a Madame Rose pocos días antes. La anciana mujer acoge a regañadientes a Momo, que manifiesta un carácter díscolo y rebelde desde el primer momento. Entre ambos -el niño y la prostituta- va surgiendo una amistad que los llevará a reencontrarse con su doloroso pasado y a ayudarse mutuamente para afrontar felizmente su futuro. Un anciano musulmán ayudará a Rose a educar al pequeño Momo.
La historia, profundamente humana, está marcada por el duelo interpretativo entre la Loren, que está inmensa, y el joven Ibrahima Geye, cuya presencia es absolutamente fascinante. Sorprende este recital interpretativo entre la gran Sophia Loren y el debutante senegalés. Ambos fascinan y seducen en la pantalla de una manera extraordinaria.
La narración es sencilla y eficaz. La película se ve con agrado desde el comienzo y uno tiene la convicción desde los primeros planos de que va a ver un film con una clara vocación humanista.
Y, efectivamente, así es. El film aborda con naturalidad muchos temas humanos: la grandeza de la convivencia de las religiones, el sentirse amado como motor del cambio personal, la confianza en cada persona como condición indispensable para la educación, el perdón como fuente de redención personal, la fidelidad a la palabra como exigencia moral…
“La vida por delante” es una película de actores; es un gozo verlos pasearse por la pantalla destilando una convicción excelente en sus personajes. Son esos actores los que hacen posible que estemos ante un film sencillo, hermoso y profundamente humano.
La extraordinaria dignidad del deterioro: EL PADRE
Dirección: Florian Zeller (Reino Unido 2020)
Reparto: Anthony Hopkins, Olivia Colman, Imogen Poots, Rufus Sewell, Olivia Williams
Guion: Florian Zeller, Christopher Hampton
Fotografía: Ben Smithard
El alzheimer ha sido un tema repetidas veces llevado al cine. Con diversos puntos de vista y desde distintos estilos, (drama, comedia, animación…) esta enfermedad ha suscitado el interés de muchos cineastas, que han sucumbido ante la fascinación que ejerce una patología que lleva a la distorsión de la realidad y a la desorientación total de los que la padecen y de sus seres queridos, incapaces de expresar el amor y de ser correspondidos.
“El padre” cuenta la historia de Anthony, un hombre de 80 años -mordaz, inteligente y divertido- que va enfermando de alzhéimer. A pesar del avance de la enfermedad, está decidido a vivir solo y se enfrenta permanentemente a su hija Anne, que le cuida con amor, mientras ésta observa cómo su padre comienza a separarse de la realidad. Ambos van buscando su propia orientación vital; Anthony, por su propia dolencia, Anne, por la atadura que le supone cuidar a su padre y no poder vivir su propia vida.
El dramaturgo Florian Zeller debuta en la dirección cinematográfica llevando a la pantalla su propia obra de teatro con el mismo título y lo hace de una manera admirable. Lo absolutamente genial de la propuesta es que sitúa la narración desde el punto de vista del enfermo. Así, el espectador se sumerge en la confusión y el infierno que va viviendo Anthony. Conforme avanza la película, el público se siente perdido en el laberíntico caos de este hombre e intenta recomponer el puzzle roto de realidades y alucinaciones para saber situarse. El visionado del film se convierte en una fascinante experiencia que angustia y hace partícipe al espectador del trastorno de Antony, que –sabemos- avanza inexorablemente y no tiene curación.
Con una planificación milimetrada y un guión sólido, “El padre” sigue con precisión los vericuetos laberínticos de la zozobra de Anthony y de la misma Anne descorazonada por no encontrar puntos de contacto con su padre y consigo misma. Las habitaciones, los muebles, la luz, la planificación, los personajes que van desfilando…todo contribuye a acercarse a la progresiva desorientación del anciano.
Y para todo esto, Zeller cuenta con la sublime interpretación de Antony Hopkins. Su personaje es un despliegue de sentimientos encontrados y afligidos interpretados magistralmente. Hopkins conmueve, emociona, irrita, desgarra; su actuación es absolutamente inolvidable. Acompaña a Hopkins, una estupenda Olivia Colman que encarna a la sufrida hija, con una mirada que refleja el amor, la inseguridad y el dolor ante su propio padre.
Los planos finales en los que Anthony se abraza a su enfermera, llorando, mientras le pregunta “Quién soy yo?” son de una dolorosa belleza que impacta, interroga y deja boquiabierto al espectador.
Estamos ante un film duro, desazonador y hermoso, un film que invita a reflexionar sobre la dignidad humana, el misterio de la persona, y el derecho a vivir con amor hasta el final, aunque uno no sea capaz de expresarlo ni de comprenderlo.